3 abr. 2011

EL ORIGEN DE LA MÚSICA.

Todo lo que hoy tiene un sentido, originariamente nació de manera bien distinta, sin ser pretendido. El concepto que hoy tenemos de las cosas nada tienen que ver con lo que fueron, por lo que no podemos juzgar hoy las concepciones del ayer, puesto que la realidad es tremendamente cambiante en nuestro interior y como producto de la vida en sociedad.

Hubo un tiempo en que los hombres padecieron, de manera inimaginable. Las noches se hacían eternas con el frío en tal oscuridad, dolor, desvelo, llantos, quejidos y tiritonas. Otro tipo de ruidos, hoy conocida su procedencia, aparecían: aullidos, ulular de aves, grillos y demás alimañas nocturnas. Las siluetas y las sombras impedían salir a buscar remedios, el temor se apoderaba de los que mejor se pudieran encontrar.

Como expresé en otro post, fue el carácter alternante y sucesivo de las noches y los días (sufrimiento-alivio), lo que favoreció una serie de costumbres en forma de oración hacia el Sol, creador, salvador y regenerador de toda existencia. De aquí surge el hecho religioso: de la aceptación de que el Sol ha de desaparecer y del deber de afrontar el dolor de su ausencia con la esperanza de que, suplicando y llorando, en cualquier momento aquél se compadecería y volvería a aparecer.

El desconsuelo y el dolor producen el lamento y el quejido, palabras monosilábicas rituales, rítmicas, que expresan un sentimiento de abandono y/o de esperanza, que con el agotamiento propio del momento, se van haciendo tenues y cambiando de tonalidad. La alegría de VER amanecer, la existencia de las cosas, la mejor temperatura, provoca un nuevo ánimo, movido por el espíritu renacido del que se ocultó, se marchó, se fue o se murió anteriormente, el Sol.

Hasta nosotros ha llegado la tradición de rezar llegada la noche, rezar al amanecer e incluso para más de uno, rezar al medio día (Sol en lo alto), las 12, el Ángelus. (Tres momentos los de los vértices del triángulo figurado que ya comenté).

Todas las oraciones se recitan con carácter rítmico y repetitivo, hasta que llega el sueño, que permite descansar con la esperanza de ver amanecer, seguir vivo. A los niños, estas oraciones se les debe decir cambiando de tonalidad, a modo de los quejidos ancestrales. Este tipo de oración infantil era y es la NA-NA, que significa Salir-Salir, sentido esperanzador con el que todos descansarían pensando en la salida de un nuevo Sol, Divino, Seco, Tesoro.

Las entonaciones o notas musicales, conocidas por todos, no son más que palabras monosilábicas que forman una frase, haciendo alusión al sentimiento padecido por la ausencia del Sol.

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