12 ene. 2013


ORIGEN DE ESCUDOS Y BANDERAS

El Hombre se viste para protegerse. Cualquier rasguño en la piel produce dolor y fácilmente salida de sangre. El sol produce quemaduras e igualmente, el frío y la humedad, hacen que se resienta la salud, más aún con viento, desde fuera hacia el interior del organismo. La manera de evitar enfermar y morir es cubrir el cuerpo, refugiarlo dentro de algo que evite estos agentes dañinos.

La observación de que los animales tienen el cuerpo cubierto de pelo y su tacto es caliente y suave lleva al hombre a pensar que la misma protección les sería beneficiosa a ellos también, por lo que, si en principio la carne es fuente de alimento, esta debe ser recogida previa desolladura del animal y poder aprovechar así su piel.

La confección de ropajes, antes de ingeniar el hilado y el tejido, sería desde la materia prima directa del animal. La caza sería importante también por ser fuente de vestimenta y además debería ser selectiva. Coger a un animal es mucho más difícil de lo que pueda imaginarse, teniendo en cuenta, además, los agrestes terrenos y la fragilidad de los pies humanos, por lo que deberían ser los animales mansos y próximos los que fueran sacrificados para aquél fin. No obstante, cazar animales que se defienden con garras y dientes, como osos o lobos implicaría utilizar ropas y defensas especiales. Estos trofeos, la piel (la vestimenta) indicarían el estatus y la fortaleza de quien las viste.

Con el uso, las pieles pierden el pelo, pero lejos de ser desechadas, pueden seguir utilizándose como ropajes para tiempo más templado, correajes, confección de porta utensilios, solados, tiendas, forrado de rocas para asientos. Todo ello ofrece al hombre protección y seguridad.

Si durante mucho tiempo, los corderos vivos sirvieron para aliviar las tiritonas nocturnas, la especial mansedumbre de las ovejas, facilitó poder extraer su lana sin necesidad de matarlas, lo que provocaría el origen de los procesos de confección, empezando por colchas de vellones para dormir, y más adelante ingeniando el hilado para entrelazar y tejer vestimenta, comenzando a coexistir con las ropas curtidas.



Sin embargo, todo este proceso sería bastante lento, siguiéndose utilizando el cuero, más suave, simple y resistente, para el contacto directo con la piel del torso, especialmente para el trabajo de acarrear leña, quedando bien protegido el cuerpo. Este uso protector se prolongaría por muchísimo tiempo, utilizándose especialmente en enfrentamientos y combates: cueros duros que cerrarían el acceso a la fragilidad corporal.

Cuando, por efecto de la proliferación de familias, se van multiplicando los bienes individuales de uso frecuente, cada una de ellas debe hacer diferenciar para evitar confusiones los recintos donde habitar y guardar sus herramientas, enseres, vestimentas y ajuares. Un cuero ya en desuso, con algún símbolo característico, colocado visiblemente, serviría perfectamente para dar identificación a las propiedades.

En los albores de la escritura, los colores familiares fijados en los diferentes materiales ampararían el derecho de uso y propiedad de los bienes, más cuando éstos no pueden llevarse consigo, como es el solar o la casa. De aquí que en el centro de las huertas, castros y lugares de estancia familiar quedara expuesto bien arriba, en el extremo de un alto y pulido tronco, el cuero coloreado como distintivo identificador de sus pobladores.

Vencer en las reyertas y lides entre familias obligaba a ir equipados con la mejor protección. Ser mayor en número y más resistentes es equivalente a ser más fuertes, y por lo tanto, poder abarcar más territorio necesario para los diferentes clanes familiares. Los primeros en prepararse o ejercitarse para defender o conquistar serían los claros vencedores, surgiendo así la idea de Ejército, conjunto de personas bien protegidas y adiestradas para vencer en contiendas.

Estas protecciones, generalmente marcadas con los símbolos identificativos del clan familiar, pueblo o entidad que defienden sus intereses colectivamente son llamadas Escudos.


Hoy escudarse es protegerse al amparo de alguna institución que ostenta poder o fortaleza. Fortalezas son llamadas las construcciones de máxima resistencia que se construyeron para defender sus asentamientos las familias que vivían en castros, motas, donde la leña era abundante y seca para poder hacer buen fuego y el agua de lluvia dañina no permanecería gran tiempo. Fortalezas que fueron llamados castillos (por que CAS-TIL-YA era esa característica local, vegetal y climatológica beneficiosa) y que en origen pendía (pendón) la identificación familiar de lo alto de un tronco bien pulido.

Celadas metálicas, con plumas de aves exóticas complementarían el cuero protector del pecho cerrado con los símbolos familiares defendidos hasta derramar la última gota de sangre, forjarían la actualización más moderna de tan ancestral realidad.

Conjuntos de grupos de varones guerreros de familias emparentadas, cada grupo con su pendón, seguirían al Estandarte o representación simbólica de la casa común a la cual todos pertenecerían, con objetivos bien de defensa o bien de expansión.


A un Estandarte pertenecerían cuatro flancos defensores, ubicados según los puntos cardinales. Cuatro “Casas” descendientes de un mismo linaje; cuatro Cuarteles defensores de sus orígenes y modo de vida. La HERáldica debe su nombre al parecido tanto físico como de costumbres de los habitantes de una comarca, cuyos antepasados fueron comunes, llevando el nombre de la zona geográfica en su propio distintivo personal, el nombre propio o apellido. De aquí que tanto la piel, el PELaje como el aPELlido y el lugar geográfico, caracterice a las familias, las “Casas”, los Cuarteles, Los Castros. Términos como “castrense” y “cuartelado” cobran sentido sin hacer grandes malabarismos etimológicos comprendiendo estas ancestrales razones.

Escudarse supondría someterse al fuerte, al vencedor, buscando protección en la debilidad, haciéndose pertenencia de aquél. El escudero es propiedad del señor que le ampara, le escuda, a cambio de servicios de asistencia y ayuda. El escudo cobija no sólo el cuerpo, también protege, con cierta garantía de éxito, gran parte de los asuntos vitales en la sociedad.

La Bandera recoge todos los acuerdos que en tiempo de paz realizan las diferentes Casas Familiares para coexistir en tal dicha, unificando principios y dictando leyes que SIRVAN u obliguen a cada uno de los moradores en los territorios HERmanados (parecidos).

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