28 jul. 2010

LENGUA Y LENGUAJE ESCRITO.

En un momento concreto pero indeterminado, en la historia de la Humanidad, la inteligencia del Hombre, se adelanta a sus recursos lingüísticos. La denominación de las cosas, mediante palabras monosilábicas y palabras-frase acompañadas de gestos, no es suficiente para relacionar diferentes pensamientos y nuevas concepciones. Por otra parte, el deseo de no olvidar y transmitir el conocimiento de todas las soluciones útiles adoptadas en los peores momentos, me induce, de igual manera, a pensar en los albores de la escritura.

La escritura supondría una sistemática de aprendizaje, técnica y tecnología, que requeriría un tiempo y un esfuerzo, que apenas nadie estaría dispuesto a sacrificar. Los primeros escribas, los mejores dibujantes y analistas, se encargarían de crear códigos de fácil interpretación para los señores y nobles, quienes dictaban a aquéllos sus testamentos y razones.

Con el paso de los siglos, podría comprobarse que interpretar lo dibujado o escrito sería una manera de sentirse más libre. Tener acceso a conocimientos del pasado sería como poder abrir la puerta, tener una llave mágica que condujera a una sabiduría supuestamente sagrada, divina o celestial, que únicamente los sacerdotes y Dios conocerían. Este conocimiento, en la memoria debilitada de los esclavos del Antiguo Egipto, permanecería intacto para las clases privilegiadas, gracias a la escritura aún por descifrar, lo que les daría poder sobre aquéllos, ocultándoles la verdad de su procedencia común, y del vergel prometido tornado en campo de trabajo y desierto por los siglos.

Más recientemente, en la Antigua Grecia, los pensadores y científicos de la época, sentarían las bases de lo que sería la escritura moderna, creando partículas conjuntivas, disyuntivas, distributivas y nexos, propios de la estructura gramatical racional que hoy conocemos, puramente creada para un discernimiento de múltiples y crecientes realidades, concepciones, pensamientos y sentimientos: la primera explosión intelectual de la humanidad. No obstante, la Lengua como tal, oral, en poco se vería afectada para la mayoría de los humanos, existiendo dos maneras muy diferentes de hablar: la familiar y la intelectual (o de libro); la primera, ancestral, venida y evolucionada del subconsciente puro y natural, y la segunda derivada del consciente, la intelectualidad.

El largo y tiránico imperio Romano, para perdurar, procuraría el saqueo de los territorios conquistados e intentaría imponer una cultura organizada, del todo artificiosa, regida por los cánones de la belleza y la propiedad, generando el agravio comparativo y las clases sociales. Sin embargo, a pesar de lo que hoy creemos, no conseguirían imponer una lengua creada para dar cohesión a su vasto imperio, el sueño de dominar toda la Tierra conocida, utilizando la superstición del hombre (Mitología), el Latín, y por último el Cristianismo, que adoptó este Lenguaje de escritura, en Lengua oral de culto y oración.

La península Ibérica, donde brotaría la ancestral primera civilización de la Humanidad, a pesar de que fuera exportadora de hombres con los más puros y básicos conocimientos de una existencia organizada, incluyendo una Lengua Natural perfecta, tardaría en adoptar la escritura, venida del Imperio Romano, como rechazo a una imposición lingüística sistemática, regida por una compleja gramática, propia de una invención tan genial como artificial.

Sería, por tanto, la adopción de un Lenguaje transcrito de la Lengua natural (vocabulario oral), con el añadido de un sistema gramatical, venido de la intelectualidad humana, el que hoy día utilizamos los humanos, desde niños, enriqueciendo dicha gramática la capacidad de expresión de nuestra conciencia individual y colectiva, en el camino evolutivo.

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