8 dic. 2011

EL NOMBRE DE LOS DÍAS (1 de 2).

Una vez que el Sol entra para iluminarnos, da comienzo su recorrido visible para todos los seres de la Tierra, coincidiendo también con el período de mejor temperatura y claridad de visión. Este es el motivo por el cual la palabra TIEMPO es utilizada para referirnos tanto al clima como a la duración de los momentos, más o menos largos.

El Hombre siempre ha necesitado de referencias para hacer sus cálculos. Una referencia es un punto absoluto establecido, fijado de manera que favorezca la contabilidad de cada acontecimiento vital con garantías de fiabilidad, para su propia seguridad.

Cuando, por imperiosa necesidad de salir a buscar alimento o cualquier otro recurso imprescindible, hay que salir del lugar que ofrece seguridad, es deber primordial no perderse, saber regresar. En este aspecto, todo aquel que sale ha de estar de vuelta antes de que la oscuridad llene todos los rincones de la existencia, quedando desamparado. Además, debe conocer el camino de regreso que, ni por asomo, es igual al que trajo, por cuanto la percepción y la perspectiva es indefinidamente cambiante.

Ambas circunstancias, que confluyen en esta actividad, implica la necesidad de establecer los referentes que antes mencioné, y no son más que los espaciales (la observación de puntos singulares desde al menos dos ángulos diferentes, junto con la colocación de alguna marca o señal) y los temporales (duración del período de visibilidad, en principio).

El Espacio y el Tiempo son dos magnitudes que siempre han estado presentes en los cálculos del Hombre para su evolución y desarrollo, de manera más o menos controlada. La búsqueda de Sol y Alimento crean en él esta determinante obligación, que le conduce a unas deducciones predeterminadas en cada momento evolutivo.

Un desplazamiento conlleva un período temporal (en principio diurno), y la medición de ambos se toma bajo el referente de la duración del sol en el cielo, concepto tomado durante mucho tiempo como absoluto. Sería la relación existente entre las distancias recorridas a pie por el Hombre y las distancias recorridas por el extremo de la sombra de un objeto clavado en el suelo, los albores de la geometría, palabra estrechamente vinculada con el Sol, en su etimología originaria y no con la Tierra.

Sabido esto anterior, podemos deducir que, antes de poner nombre a períodos de tiempo muy grandes (semanas, meses, años eras, ...) o muy pequeños (horas, minutos, segundos, ...), el Hombre hubo de poner nombre a los períodos, en principio, más significativos: las noches.

El nombre de los días (2 de 2)


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