21 may. 2011

TRASCENDENCIA DE LA LEÑA. SONIDO KAS.

Todos sabemos que para hacer fuego es necesario lo que hoy conocemos como LEÑA. Hasta nosotros ha llegado el concepto de leña como el despojo derivado de la madera o el ramaje seco que utilizamos para encender una lumbre. Ya vimos cómo la humedad, el agua, tuvo como palabra elemental el sonido ÑA. En origen, LEÑA sería el concepto de estos ramajes recién cogidos, húmedos, inservibles para arder o iniciar el fuego.

Al igual que el Sol, (el Seco, el Divino por encima de todas las cosas conocidas), el fuego tendría carácter sagrado por cuanto se necesitaba para una subsistencia más agradable. El Fuego tiene la capacidad de calentar, secar, enternecer o transformar en alimentos otras especies, en definitiva, potenciar la vida humana.

¿Hasta qué punto sería importante ir a buscar leña, y luego poder almacenarla en lugar seguro y protegido de la humedad para disponer de ella en estado seco?.

Si observamos la orografía y el relieve del terreno, la leña más accesible se encuentra más cercana a las riberas de los ríos y valles, por contra ésta es mucho más húmeda. A medida que ascendemos de nivel y nos separamos de las cotas cercanas al agua, la leña comienza a mejorar la calidad, sin embargo, los suelos se hacen intransitables, mucho más difícil ir a cogerla.

Sobrevivir implicaría, ante todo, ir a buscar la leña de cada día, trabajo nada grato, en el que los cortes y arañazos por todo el cuerpo harían de él un castigo. Una vez llegado al conocimiento y manejo de los despojos arborícolas, toda aquella menudencia de poco peso y con capacidad de prender, porque está seco y flota sobre el agua, sería llamado KAS, al igual que su sonido al romper o pisar.

El descubrimiento de las tierras secas, con fácil acceso a pequeños montes de leña seca y castros, sería el comienzo de la primera explosión demográfica, traspasada la cordillera cantábrica, al otro lado del Ebro. Los mejores asentamientos comenzaron a hacerse, en las laderas de estos montes secos, con árboles, que tuvieran cerca algún río. Se practicaban oquedades o se aprovechaban resquicios entre las rocas, no faltando nunca la cercanía del abastecimiento para el Fuego.

La posición dominante se encontraría en lo alto de estos cerros, motas, oteros, desde donde se tiene visión privilegiada y acceso directo al sol, la sombra y leña deseados. Estos altos lugares, privilegiados, de abastecimiento y culto al sol debieron ser fortificados e instituídos como sagrados, sirviendo de punto de encuentro para sacrificios y acción de gracias al Supremo. Sobre estas antiguas fortificaciones, en tiempos sucesivos, se levantarían los famosos castillos, que hoy, lejos de ser cierto, dan nombre a la región más extensa de Europa.

Todas las palabras que contienen el sonido KAS hacen alusión directa o derivada a esa leña fácil de coger, seca, útil para el fuego, el hogar, la felicidad.

Todas estas palabras nacieron como frases derivadas de un mismo concepto: castro, castilla, casa, casado, castaña, casco, cáscara, cascarón, cascar, cascajo, cascarria, castigo, casto, castor, caspa. Cascabel o Cascada hacen referencia al sentido figurado de la Leña: pegar, sacudir, contienda, puesto que ir por leña se convertiría en un castigo, y el castigo físico tomaría tal acepción, tanto de LEÑA como de CASCAR, y ciertos objetos o situaciones de gran atractivo provocarían disputa. Casto es aquel que por su pureza o ternura es reconocido y, lejos de recibir castigo, se le ahorra tal trabajo. Casta sería la condición más numerosa y fuerte de una familia por la que puede recoger y almacenar más cantidad de leña.

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