3 oct. 2010

SONIDO "U".

"Uuuuuu" es la voz del lobo en la oscuridad de la noche. Adentrarse en algún lugar supone perder la luz, entrar en la oscuridad, en lo desconocido, donde viven seres de los que sólo conocemos sus ruidos y nos asustan.

Cuando el Sol se adentra en el horizonte, por sí mismo, decimos que se esconde, se guarda, se oculta. Pero dónde va, sería algo que no se sabría. Se mete dentro, en algún lugar desconocido. Justo cuando Él desaparece, viene la oscuridad, viene el frío, no vemos nada, se oyen los lobos y pisadas de otros seres, se vive en las tinieblas, en el miedo.

Desde siempre, asustar a alguien lleva implícito aparecer de repente (por estar oculto, o en la oscuridad) y emitir el sonido "Uh" de manera sorpresiva, aprovechando el temor que lleva el inocente.

Todo lo que implica ir hacia adentro, hacer dentro, sacar de dentro, existir dentro, ... lleva sonido "U". Por lo tanto, "U" expresa lo que hoy conocemos como "Dentro" y "oscuridad".

La grafía del sonido "U".

La necesidad de saber dónde se metía el Sol, que luego volvía a salir por el lado opuesto, llevaría al Hombre a pensar que aquél entraría por un gran río, tubo o conducción, por debajo de sus pies, hasta volver a salir nuevo, más pequeño.

Este pensamiento, deducido al comparar al Sol Poniente con el Sol Naciente, el primero de mayor tamaño, condujo a la interpretación de que después de una vida (día de sol), sucede otra. Después de la muerte hay otra vida mejor. A un Sol le sucede otro y otro y otro ... así eternamente, siempre. Esta interpretación es la que lleva asociada la creencia de la vida después de la muerte y de la eternidad. Y no por otro motivo el Eterno, hoy también llamado Dios, no sería otro que el SOL.

La grafía de éste sonido nacería como la línea o trazado de la dirección que, teóricamente, llevaría el Sol desde la puesta hasta al amanecer.

Por lo tanto, ya vemos como el Sol condiciona matemáticamente nuestros procesos mentales, desde el origen de nuestra conciencia. El Lenguaje interviene en nuestro pensamiento, haciéndose uno. Sin embargo, nuestro orgullo, se resiste a considerar a Dios como interventor de la realidad humana.

Realmente, no tuvo que ser nada fácil hacerse entender entre unos y otros, para concretar que un sonido correspondía a algo determinado, acontecimiento, objeto, etc. Por este motivo, el temor de unos por desconocimiento de verdades físicas, los llevaría a fantasear o imaginar realidades inexistentes, dando paso a manifestaciones de toda índole, especialmente artísticas y culturales. Igualmente, los más desaprensivos utilizarían su conocimiento y el temor ajeno para instaurarse en el poder para infundir creencias y así manejar las conciencias.

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