11 jun. 2011

SONIDOS DA, DE, DI, DO, DU.

Los sonidos con “D”, sirvieron para expresar referencias al lugar (espacio y tiempo) en que sucederían los acontecimientos, empezando por los del astro Rey.

Teniendo en cuenta que el Hombre siempre quiso saber dónde se escondía Él, y que tal seguimiento lo llevó hasta Finisterre, fue allí donde se dió cuenta de que no podía seguir más, que el suelo que pisaba se encontraba separado del lugar donde el Sol se guardaba. Tal referencia sería llamada DA (TA) y DE (TE) que significó Después (Más), Allá (Separado).

Como he contado en anteriores artículos, la antítesis vital, los extremos, son los generadores del criterio y pensamiento humano. Si el agua y la humedad fue causante de los peores males que padeció el Hombre, es el cielo limpio, el Sol radiante, su calor, el que le da su carácter divino, y como tal se lo trata. El Sol es el Dador, el que Regala, el que Seca, Sana y Cura: el Divino, DI (TI).

Comoquiera que el Sol no siempre que es necesitado se encuentra presente, las largas y frías noches, los prolongados nublados, tormentas, truenos, relámpagos ..., las preguntas, venidas siempre del ansia, serían “Cuándo” (en qué momento) y “Dónde”. En tales remotos tiempos, estos dos conceptos, hoy bien diferenciados, serían uno sólo, dentro de la palabra DO. En lo sucesivo, DO se haría extensivo para referirse a cualquier momento o lugar determinado.

Uno de los grandes misterios para el Ser Consciente primitivo sería la circunstancia de ver entrar al Sol por un lugar y ver salir, por otro, quizá a un sol diferente, o quizá al mismo pero resucitado; ... o, si es el mismo, por qué camino entraría; si cada sol que nace nuevo, al igual que todos los seres conocidos mueren, etc. En fin, todas estas preguntas, nacen de una primera duda que sería: ¿existen DOS Soles?. Dos sería originariamente DU, y todas las palabras que hoy contienen tal sonido, hacen referencia a alguna dualidad, opción o duplicidad, en definitiva, duda.

La idea de que existiría uno Sólo y Único, que tras cada ocaso volvería a nacer, quedaría impreso en la conciencia colectiva, descartando cualquiera otra de índole menos categórica.

Tal conocimiento generalizado, de los tres movimientos conocidos del Sol, en su nacimiento (amanecer, alba), en la vertical, y en su ocaso (atardecer, muerte, ocaso), quedaría representado en un triángulo que simbolizaría en lo sucesivo al Eterno (que Permanece Separado, lejos, Pequeño), que nunca cesa su movimiento.

Este carácter de Eternidad de la Divinidad quedaría expresado en cada construcción, como icono protector tanto para la vida como para la muerte. Así todos los frontis que coronan templos y dinteles de casas representarían la cúpula celestial, bajo la cual entrarían los fieles o amigos de la casa, los que confían, los que creen que es el mismo Divino el que vuelve cada DIA (Divino Existe).

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