30 sept. 2010

EL PUNTO SOBRE LA "i ".

El fonema Y = I, fue una de las cinco primeras palabras emitidas por el humano consciente, junto con el resto de vocales. "Y" expresaría la luz y el calor emitidos por el SOL, sin que éste estuviera presente a sus ojos, es decir, en el momento después del ocaso. Sentir su presencia, a pesar de no verlo, sería "Y".

El hecho de sentir aún su temperatura, hasta pasado un tiempo después de escondido, sería una pauta de pensamiento para, análogamente, deducir que la temperatura, el aliento (caliente) de un Ser Vivo, posee la misma naturaleza o espíritu que el Sol. En semejanza con los moribundos que poco a poco van perdiendo energía, calor, se debilitan, hasta perder la respiración, cambiando de color y quedándose muy fríos, así se pensaba que ocurría con el Sol, en su ocaso, dando comienzo dramáticos momentos de pérdida, la noche, la oscuridad, el dolor, el luto.

"Y", es lo que no se ve, pero da la vida, hace moverse a los seres vivos, al mar. El dolor viene con el frío, de noche, a oscuras, sin luz, ni calor, únicamente silencio, oscuridad, frío y ruidos extraños de irreconocible procedencia. Toda la superstición humana viene de estos miedos ancestrales, de la inseguridad y la especulación sobre el poder de espíritus malignos asociados a tales circunstancias vividas en la oscuridad.

Sin embargo, el espíritu "Y", por excelencia, es el resplandor del Sol tras el ocaso. Por extensión, lo que proporciona movimiento autónomo: es el calor, es el alma. Así mismo, "Y"+"A", o sea "YA" pasó a designar tanto al Sol como al Fuego, puesto que ambos serían considerados de la misma naturaleza, es decir, espíritu, calor, intocable, transformador, energía divina, dador de la vida.

En un post anterior, ya comenté que el origen gráfico de la "Y" era la cuña (flecha invertida, o punta hacia abajo), y que el origen gráfico de la A era la flecha (punta hacia arriba). Durante largo tiempo "YA" fue el nombre dado a lo que hoy conocemos como SOL (fuego). El ideal para la vida era contemplar y sentir la alegría que transmitía su presencia en los cielos limpios, sin nubes, donde animales, plantas y personas recibían ese maravilloso don que les hacía a todos más felices, ofreciendo y compartiendo lo mejor de cada uno.

Era el deseo de encontrar esas maravillosas sensaciones, lo que movía a los hombres a buscar los cielos limpios de nubes y exentos de lluvias que tanto dolor y enfermedad causaban. Buscaban el Fuego Puro (YABE), es decir cielos limpios y, por ende, soleados. De aquí que los días más soleados fueran aprovechados para festejar y dar gracias, llegando el mejor día del año, en este aspecto, a ver el ocaso, en el océano (SANTYYACO).

La grafía "i" sería la representación de "el espíritu", "el fuego" en el lado opuesto al ocaso o poniente, es decir, el naciente, el levante. A pesar de que hoy la conocemos como "i latina", no dudo, al igual que el resto del protolenguaje, de su origen ibérico.

El punto de la "i" no es más que la representación del Astro Rey, y el asta o palito vertical, la dirección de su procedencia o reflejo en el agua del mar. CATALUNYA (no Catalunia ni Cataluña) significa Hacer Más Luz el Fuego, como descubrimiento postrero de la salida acuática del Sol (Fuego), y comparado con el ocaso ancestral y santificado, en la parte occidental de la península, igualmente acuático.

El "culto" al SOL y la "cultura" española nacen de la presente realidad astrológica, es decir, del descubrimiento de que el Dador de Vida se muere, se "oculta", se esconde dentro del agua. De aquí que surja una anticultura, visión de signo contrario, o mejor, rivalidad, cuando los que ven renacer a el Sol por el otro lado de la Tierra conocida, que era la península, también desde el agua, consideran este hecho de mayor importancia, precisamente, por haber superado ya, a esas alturas del Tiempo, el ansia y sufrimiento ancestrales esperando el amanecer en las interminables noches de frío y miedo.

Poner el punto sobre las íes significa hacer expresa memoria de la procedencia de algo aparentemente insignificante, pero de vital importancia. El punto de la grafía "i" es esencial, como lo es el Sol para el Hombre.




En esta fotografía (contrastada a propósito) del sol naciente sobre el Mediterraneo, se puede apreciar, en el color blanco, la "i" latina.

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